[Bocadillos]
La patria — 1
LA única patria es la de la infancia. Se sabe. Pero, por más nacionalistas que nos pongamos, hasta eso se nos olvida.

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Pieter Bruegel, el campesino
(Flandes, 1525 – 1569)
Célestin Freinet fue un pedagogo francés del s. XX. Tenía un proyecto que a varios aún hoy les parecerá radical: poner en el centro de la educación la libre expresión. Esto mediante un paseo–clase que permita a los niños estirarse y reconocer la vida para, después, regresar al salón y desarrollar dibujo y escritura libre. Sin corrección alguna del profesor. De esta manera, los alumnos generan conocimientos y textos que después ellos mismos imprimen en clase para formar libros, periódicos o pequeñas publicaciones que envían a otras escuelas. El niño, cuenta Freinet:
«Expresa su vida, con frecuencia brumosa y caótica, donde los elementos se confunden y la explicación a posteriori que da no es, la mayor parte de las veces, sino una expresión psicoanalítica que surge por el dibujo y que sigue su camino. Lo esencial para nosotros es que el niño, en vez de ser reprimido y rechazado por las reglas inhumanas de la escuela, pueda expresarse y liberarse».
Técnicas Freinet de la escuela moderna
El niño desarrolla un fuerte interés por el conocimiento y fortalece sus vínculos sociales. Es algo tan elemental que puede ser un reto poner en práctica: conocer y cuidar el misterio del otro mediante una escucha genuina, formar parte de lo que su mundo también puede desconocer y aligerarlo con lo que se nos permite compartir. Como cantaba Melanie Safka en »Beautiful People», «We never meet before / but then / we may never meet again».
Me parece que a la infancia realmente no le importa tanto la patria como a los adultos. Lo que sí es que la reconoce y atraviesa desde sus grietas. Ahí está su potencia —tanto de la infancia, como la de los que emprenden un quehacer con amor— lograr que el otro exprese lo que mi boca no puede.




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