Atlas del corazón Lucía María

EN los cuentos antiguos, los mapas señalaban grandes tesoros. Se marcaban caminos y rutas para confirmar un encuentro y cuando éste no ocurría, era el viaje mismo un tesoro.

Para mí, la poesía ha sido eso. Un encuentro con personas que son un tesoro, incluso cuando físicamente no hemos podido coincidir. Son sus ideas y convicciones un viaje luminoso que me acompañan más de lo que podría compartirles.

¿Cómo sería un atlas del corazón? Con personas como Lucía, una escritora que admiro y respeto como pocas en el panorama de las letras en México. Sus lúcidas perspectivas y escrituras son una maravilla. Por eso es una fortuna que se haya sumado a este atlas compartiéndonos el siguiente poema. Gracias, Lucía.


[ (d) espacio ]

1

Para huir de una misma muerte
toqué a tu puerta
y estabas en otro lugar

pero me abriste.

2

Cada una se montó en su órbita
de tristeza: busca la transformación

pedí que cayera un cometa.

La conversación se volcó al olvido de mí misma.    

3

Fue en un viaje en el cual sonreímos y reímos
más de 49 veces, cuando volvimos queriendo
todo sin prevenir nada en lo absoluto.

Me rendí en mi cuerpo, luego fue en el tuyo.

Así son las relaciones, me han dicho
personas que han perdido un ojo, o la vista por completo. Así son las relaciones, me lo han recalcado quienes todavía llevan un pedazo del dedo de su amada
entre los dientes:
Así son las relaciones.

4

Me quisiste en la tormenta, yo estaba ahogada en agua.
Te forcé a regresar a la tierra, tú flotabas fuego.
Trabadas en un quiero interminable quisimos respirar juntas sin despegar nuestros labios.

Nos quedamos sin aire.

5

Tú zarpaste a recuperarte en el pasado
la necesidad del espacio
corrí a fondo para llegar hasta el futuro,

y ninguna encuentra el mapa del presente.

6

Recibo mensajes de tu viaje cuerpo adentro,
te estás descubriendo en ti.
Te hablo de la siguiente expedición,
insisto en recuperar mi nombre
en la ciudad hembra que es campo de batalla.
Insisto en sanarme.
Facturo la esperanza.

7

El humo de varios incendios (queda poco verde), se mezcla con las nubes,
terca en separar la belleza del caos
y así muero de nuevo (pero es una muerte nueva) con cada atardecer.   

8

Solo de espacio es posible,
paciente y despacio,
el cuerpo despacio.

Solo despacio es posible reconocer un atlas
palpita tu nombre, mi corazón,
junto mis manos despacio.
Quiero volver a mí, ser capaz de amar.
Ser capaz de ser.


Lucía María (Mexicali, 1983)

Muchas posibilidades, a veces más aprendiz de sanadora que escritora, a veces más editora que poeta, a veces ninguna de las anteriores, y luego todas juntas. Edita y traduce libros (freelance) e imparte un taller que se llama Cuerpo que busca su voz, donde combina la escritura y la danza. Vive en Guadalajara desde el 2024.



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