Este poema, sobre la historia de Maco (🐶), formó parte de La rebelión del silencio (20232024).


[ Amar a Margo ]

Para Maco y la vecina bonita

MACORINA aprendió a responder
a cada historia que le inventamos:

Maco,
Macoria,
Maclovia
y, para mí,
casi siempre
era Chiclovia.

Mackenzie
respondía a cada nombre
con la mirada enrarecida,
turbia de haberle sobrevivido
a la carretera,
las suficientes veces
como para que la encontrara
su primera dueña,
cuando se llamaba Mati,
Rosita Mati.

En nuestra versión de Maco
casi siempre hablaba ashí,
y dudaba mucho,
pero su vida en la carretera
era la gran frontera en su existencia:

Se acordaba del Roger
atropellado a la distancia
y se decía sobreviviente
para echarse porras,
para decir que, después de todo
había valido la pena aprender
a hacer tortillas en medio de la carretera;
aunque cuando le preguntábamos cómo
se hacía la desentendida.

Y decía que shí, que casi siempre shí:
aunque a veces no,
pero shí, cashi siempre shí.

Chiclo,
Chiclovia
y muchas veces Irene le decía Margo.
La Chiclo,
Chiclovia como chicle masticado en medio de la fiesta
cuando todo mundo se iba y solo quedábamos los dos:
La vecina bonita y yo
enredados como enjutos corazones.

Los sobrevivientes,
¿a quién debemos la sobrevida?
A Maco,
a la Maquitus y a la adánica
poesía de sus ladridos.


Maco

Perrita con mucha personalidad y sueños. Le encantan las resbaladillas y casi siempre se acuerda del Roger.



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