EXISTEN mil y un alabanzas del libro y pocas del papel. Por más que se hable de la democratización del libro, éste no deja de ser una forma cultural de alta especialización. En cambio, es sobre las hojas de papel (y antecesores) que el mundo humano se ha construido la partitura de unos, es el dibujo de otros. Lo mismo dan los libros de poesía si ésta no sucede más allá de ellos; pues entre menos poesía hay en una comunidad, mayor será la fortaleza del papel con la que los poderosos instauren crueles leyes por sobre los justos.

Es así que ¿cómo no habría de celebrar a una persona como Iván Maciel y su participación en el Atlas del corazón? Su amistad es como un papel inacabable sobre el que surgen versos, dibujos y cantos. Todo mientras conversamos sobre las casas, los ríos y las canciones que nos han traído hasta el hoy; un hoy que, espero, se prolongue por años para seguir conversando. Conócelo con esta nueva entrada del Atlas.


[ de un espacio en blanco ]

Se empieza con un espacio en blanco

de esa sensación de vacío surgirán:

valles,

dibujando mapas de lo que fuimos.

Habrá que trazarlos con la mano                      

                                                               

opuesta

para que al leerse

 formen un atlas del corazón.


Iván Maciel (Baja California, México, 1988)

De PALACO para el mundo”. Creció en un lugar antes conocido como la Pacific Land Company, es hijo del desierto, el calor y la industria. Se mudó a Ciudad de México tras un sueño que después de varios años se dio cuenta no era el suyo. Decidió retomar la escritura (siempre estuvo ahí) y ha empezado por compartir sus versos en internet.



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