[ Transpensamientos ]
Marcial
Hoy el poeta romano Marcial1 se olvida, en el camino de la transducción, de su latina Isa para enamorarse de Tara2, mi perrita – aunque en el texto sienta como suya.
[ (XVI ) ]
Por Marcial
TARA, mi perrita, sabe más de la vida
que cualquier gorrión de Catulo.
Es, mi perrita Tara,
más pura que un beso de paloma herida.
Tara: la más cariñosa de las criaturas.
Podría decir que es “tara” como llaman
los magníficos indios
a sus perlas más preciosas.
Es más, creo que si mi perrita Tara te dejara escuchar sus quejidos
sabrías que, a su manera, también los perros hablan
que, como cualquier hijo de poeta,
asumen la tristeza o el gozo infinito…
De Tara, mi perrita, podría contarte muchas cosas más:
de su cariño por la limpieza,
de su triunfo sobre el lenguaje,
especialmente de su primitiva manera
con que logra que la obedezca:
Cuando me pide que la suban a la cama
y después que la bajen;
aunque en el fondo preferiría
que permanezca junto a mí
un ratito más,
al menos cinco minutos para
quedarnos juntos,
sintiéndolo mucho.

1 Marcial (40 d.C. – 104 d. C.)
Poeta romano de origen hispano. Alumno y amigo de Séneca, Quintiliano y Plinio el Joven, vivió una época en la que Roma era el centro del universo humano.
Quienes lo conocieron sus últimos años contaban con felicidad lo contento que le veían relatar que al final sí pudo regresar a casa, a esa vida rural que siempre quiso antes de morir contento.
2 Tara (2024, circa)
Perrita de ascendencia tahitiana. Lleva en los ojos al mar y le gusta navegar el mundo desde su sillón.





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